Carta Pública a Nuestra Amada e Inolvidable Comunidad de Baitoa (2 parte)

18 de Agosto de 2008 Cuando a finales de 1800 o a principios de 1900 en La Sabana, se lleva a cabo el primer entierro; posiblemente no más de cuatro personas, acompañaron al difunto hasta su última morada. Dámaso, un hombre culto, de rostro pálido y triste, que había llegado a la aldea con la asignación de enseñar a leer y escribir a sus escasos moradores, se había convertido sin proponérselo en el varón del cementerio. Sin haberlo conocido, me imagino la escena del sepelio: triste, callado y de pocas expresiones como el rostro del difunto. Esto no es un capítulo de la novela Cien Años de Soledad de Gabriel García Marquez. Y tampoco es nada mágico-ficticio creado por la mente de nuestro Junot Diaz; sencillamente así empezó la historia del cementerio de Baitoa. Un siglo después recuerdo a Dámaso y lo lamento por él. Pronto dejará de ser visitado. Nadie más visitará su casa…otro, quizás yo o usted que lee esta carta será el Varón del Nuevo cementerio de Baitoa; en otro terreno por supuesto, comprado por un precio súper elevado, situado en el centro de un vecindario, en un callejón sin salida; contra la voluntad de todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños que nacieron, se criaron y viven en el sector y que se resisten, con todo derecho, a que se le imponga una construcción que, diga quién lo diga, a nadie le gustaría tener al frente de su casa. Agradezco la amabilidad de mi entrañable amigo: José Rafael Peña (Síndico de Baitoa) de contestar mi primera carta y su disposición al diálogo. Paso a presentar la propuesta de la que hice mención en la primera carta: Ricardo, mi hermano, me autorizó proponerle un cambio de terreno de su propiedad por el adquirido por el ayuntamiento. La parte negociable, sería la que colinda con la carretera, hasta llegar a la cañada. Las personas que conocen esta propiedad, sabrán de los límites que les hablo. El terreno que ofertamos; por su ubicación, sin lugar a dudas es de mayor valor que el que compró el ayuntamiento. La cantidad de terreno deberá ser de la misma dimensión, pero nunca traspasando los límites de la cañada. Todo deberá hacerse por la vía legal y que la construcción del cementerio se lleve a cabo sin prisa; con verjas que lo protejan y dé seguridad a los vecinos. Una propuesta mejor…imposible!! Es lo más justo y razonable por el bien del presente y futuro de nuestro adorado Baitoa. Un Abrazo Fraternal desde la Distancia para todos los Baitoeros. Atentamente: José Miguel Núñez.

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