Por: Rafael Peña www.baitoaprimero.net
En una oscura pero estrellada noche, la vieja guagua se desplazaba por la estrecha carretera construida por el gobierno de Trujillo en 1937. Discurría el año de 1953 y mamá, con sus cinco hijos, Javier, Rafael, Colombina, Alba y la recién nacida Milagros, volvíamos a Baitoa.
Mamá había sido nombrada como maestra en su lar nativo por el entonces secretario de Educación, Dr. Joaquín Balaguer.
Fue un viaje de alrededor una hora desde Nibaje, Santiago, que para mi resulto una eternidad. El deseo de llegar al sitio que mama tanto mencionaba por bien, hacia más largo el camino. Don Felipe, aquel querido y siempre recordado chofer que cubría la ruta Baitoa, Stgo y viceversa, estaba al frente del timón en aquella inolvidable ocasión en que regresábamos al lugar de nuestras raíces.
Jamás he olvidado el momento en que acercándonos a la famosa curva del barco, situada un poco menos de dos kilometros de Baitoa, pensé que regresábamos a Santiago, sin comprender que esto se debía a lo redondo de la curva (a esta curva se le denominaba del barco, por el sorprendente parecido a un barco gigante que tenia la loma que la rodeaba).
Cuando por fin, comenzamos a divisar pequeñas luces que podían apreciarse a lo lejos, nos dimos cuenta de que estábamos cerca. Llegamos y Felipe estaciona el vehiculo, justo al frente de la humilde casita de mama, situada en el mismo lugar donde hoy esta una, ya no tan humilde.
Jacobo era el nombre que yo tenía más presente debido a que mama prácticamente lo había tenido desde que nació hasta ya un poco grande y siempre lo mencionaba. Para los hijos de mamá, Jacobo no es primo sino un hermano. Por eso, cundo la primera persona que subi a la guagua, que fue Roberto, yo lo salude pensando que era Jacobo. - No, yo soy Roberto, Jacobo viene por ahí.
Algo que tampoco olvido fueron los primeros baitoeros que esa noche nos dieron una calurosa bienvenida: Neftalí Núñez [talo], su esposa doña Mora Pineda y el hijo de ambos Talito.
Quiero finalizar esta parte diciendo que doña Mora Pineda fue una muy especial persona para mí, a quién en algún momento rendiré un sencillo homenaje, recordando los buenos consejos que siempre me dio.
En la próxima: Los Primeros Días. Hasta entonces, si Dios quiere. BAITOA: PARTE DE SU AYER; Nuestra Llegada.
Por: Rafael Peña www.baitoaprimero.net
En una oscura pero estrellada noche, la vieja guagua se desplazaba por la estrecha carretera construida por el gobierno de Trujillo en 1937. Discurría el año de 1953 y mamá, con sus cinco hijos, Javier, Rafael, Colombina, Alba y la recién nacida Milagros, volvíamos a Baitoa.
Mamá había sido nombrada como maestra en su lar nativo por el entonces secretario de Educación, Dr. Joaquín Balaguer.
Fue un viaje de alrededor una hora desde Nibaje, Santiago, que para mi resulto una eternidad. El deseo de llegar al sitio que mama tanto mencionaba por bien, hacia más largo el camino. Don Felipe, aquel querido y siempre recordado chofer que cubría la ruta Baitoa, Stgo y viceversa, estaba al frente del timón en aquella inolvidable ocasión en que regresábamos al lugar de nuestras raíces.
Jamás he olvidado el momento en que acercándonos a la famosa curva del barco, situada un poco menos de dos kilometros de Baitoa, pensé que regresábamos a Santiago, sin comprender que esto se debía a lo redondo de la curva (a esta curva se le denominaba del barco, por el sorprendente parecido a un barco gigante que tenia la loma que la rodeaba).
Cuando por fin, comenzamos a divisar pequeñas luces que podían apreciarse a lo lejos, nos dimos cuenta de que estábamos cerca. Llegamos y Felipe estaciona el vehiculo, justo al frente de la humilde casita de mama, situada en el mismo lugar donde hoy esta una, ya no tan humilde.
Jacobo era el nombre que yo tenía más presente debido a que mama prácticamente lo había tenido desde que nació hasta ya un poco grande y siempre lo mencionaba. Para los hijos de mamá, Jacobo no es primo sino un hermano. Por eso, cundo la primera persona que subi a la guagua, que fue Roberto, yo lo salude pensando que era Jacobo. - No, yo soy Roberto, Jacobo viene por ahí.
Algo que tampoco olvido fueron los primeros baitoeros que esa noche nos dieron una calurosa bienvenida: Neftalí Núñez [talo], su esposa doña Mora Pineda y el hijo de ambos Talito.
Quiero finalizar esta parte diciendo que doña Mora Pineda fue una muy especial persona para mí, a quién en algún momento rendiré un sencillo homenaje, recordando los buenos consejos que siempre me dio.
En la próxima: Los Primeros Días. Hasta entonces, si Dios quiere. LA VOZ OFICIAL DE BAITOA EN EL MUNDO
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